Nutrir no es solo comer: el Día Mundial de la Alimentación desde la psicología y la nutrición.

En este momento estás viendo Nutrir no es solo comer: el Día Mundial de la Alimentación desde la psicología y la nutrición.
  • Categoría de la entrada:De interés
  • Tiempo de lectura:8 minutos de lectura
  • Última modificación de la entrada:octubre 20, 2026

Innovar hoy para nutrir mañana

Cada 16 de octubre, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) celebra el Día Mundial de la Alimentación con el objetivo de concienciar sobre el hambre, la malnutrición y la necesidad de garantizar sistemas alimentarios sostenibles. En 2026, el lema elegido es «Innovar hoy para nutrir mañana», un llamamiento a transformar la forma en que producimos, distribuimos y consumimos alimentos (FAO, 2026). La FAO nos recuerda que el mundo produce suficientes alimentos para alimentar a toda la población, pero que aproximadamente 645 millones de personas siguen padeciendo hambre, y cerca de 2.690 millones no pueden permitirse una dieta saludable (FAO, 2026). Estas cifras son alarmantes y necesitan respuesta urgente. Sin embargo, hay una dimensión del problema que rara vez se menciona en estos días: las personas que tienen comida en la mesa y no pueden comer.

Cuando el problema no es la falta de alimentos

Hablamos de millones de personas en todo el mundo que conviven con un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). Personas para quienes sentarse a comer no es un acto nutritivo, sino un campo de batalla emocional. Personas que tienen acceso físico y económico a los alimentos, pero cuya relación con la comida está profundamente dañada. En España, según datos de la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB, 2022), se estima que alrededor de 400.000 personas conviven con un TCA. A nivel europeo, la prevalencia de anorexia nerviosa en mujeres se sitúa entre el 1 y el 4 %, y la de bulimia nerviosa entre el 1 y el 2 % (Jiménez García et al., 2025). La OMS (2025) estima que los TCA afectan al 0,1 % de la población de 10 a 14 años y al 0,4 % de la de 15 a 19 años, aunque estas cifras probablemente subestiman la realidad, dado que muchos casos no llegan a diagnosticarse. Los TCA no son una elección. Son trastornos mentales graves con una etiología multifactorial que incluye factores biológicos (genética, cambios hormonales en la adolescencia), factores sociales (modelo de belleza, presión de las redes sociales, críticas sobre el físico) y factores psicológicos (perfeccionismo, baja autoestima, dificultades en la regulación emocional) (Portela de Santana et al., 2012; Faros Sant Joan de Déu, 2021).

«Come sano»: un consejo que no siempre es inofensivo

En el contexto del Día Mundial de la Alimentación, los mensajes sobre alimentación saludable se multiplican. Y, en general, son positivos. Pero conviene recordar que, para determinadas personas, estos mensajes pueden resultar dañinos.

Para alguien con anorexia nerviosa

«Come sano» se traduce en «come menos, come mejor, controla más». El mensaje refuerza la restricción, que es precisamente la conducta que mantiene el trastorno.

Para alguien con bulimia nerviosa

«Come sano» alimenta el ciclo de restricción y atracón. Si la persona siente que «no ha comido sano», interpreta que ha fracasado, lo que dispara conductas compensatorias (purgas, ayuno, ejercicio excesivo).

Para alguien con ortorexia

«Come sano» es lo único que escucha, todo el día, todos los días. La obsesión por la alimentación «pura» o «limpia» se convierte en una cárcel que restringe la vida social, la flexibilidad y el disfrute. Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), sabemos que el problema no está en la comida, sino en la relación que la persona establece con sus pensamientos y emociones sobre la comida (Hayes, Strosahl y Wilson, 1999). Cuando una persona se fusiona con el pensamiento «si como esto, engordaré», ese pensamiento deja de ser una idea y se convierte en una verdad amenazante que dirige su comportamiento. La defusión cognitiva —aprender a ver los pensamientos como lo que son: eventos mentales, no hechos— es una de las herramientas centrales de ACT para trabajar con la ansiedad alimentaria. No se trata de cambiar el pensamiento, sino de cambiar la relación que la persona tiene con él.

La innovación que de verdad necesitamos

La FAO habla de innovación en los sistemas alimentarios: tecnología agrícola, semillas mejoradas, sistemas de datos, cooperativas. Y todo ello es necesario. Pero hay una innovación que rara vez se menciona: dejar de tratar lo que comemos y lo que sentimos como si fueran cosas distintas. La separación entre nutrición y salud mental ha sido, durante décadas, la norma en los sistemas sanitarios. El nutricionista prescribe una dieta; el psicólogo trabaja las emociones. Pero cuando una persona tiene un TCA, esta separación es precisamente lo que impide su recuperación. Un nutricionista que ignora las emociones prescribe una dieta que el paciente no puede cumplir, porque la relación con la comida está rota. Un psicólogo que ignora la nutrición trabaja la ansiedad sin comprender que cada comida es, para esa persona, un campo de batalla. El enfoque integrado entiende que alimentar el cuerpo y cuidar la mente son la misma cosa. Desde las terapias contextuales de tercera generación, el trabajo con la alimentación no se centra en qué come la persona, sino en la función que cumple la comida en su vida: si comer es un acto de nutrición o un mecanismo de regulación emocional; si la restricción responde al hambre o al miedo; si el atracón busca saciar el apetito o llenar un vacío (Fairburn, 2008; Waller et al., 2007).

¿Qué significa nutrir de verdad?

Si ampliamos la mirada, nutrir no es solo ingerir alimentos. Nutrir es la experiencia completa de alimentarse: el contexto emocional, relacional y cultural en el que comemos. Nutrir es poder sentarte a comer sin culpa. Nutrir es disfrutar una comida sin calcular cada caloría. Nutrir es que la comida sea alimento, no castigo; placer, no ansiedad; conexión, no aislamiento. Desde la teoría del apego (Bowlby, 1969), sabemos que la relación con la comida se construye en los primeros vínculos. La forma en que fuimos alimentados/as, los mensajes que recibimos sobre nuestro cuerpo en la infancia y la seguridad emocional que experimentamos en torno a la mesa configuran los cimientos de nuestra relación con la alimentación. Cuando esos cimientos son inseguros, la comida puede convertirse en un espacio de ansiedad, control o evitación (Tasca, 2018). La alimentación consciente o mindful eating (Kristeller y Wolever, 2011) propone reconectar con la experiencia de comer: prestar atención a las señales de hambre y saciedad, saborear los alimentos, y comer sin juicio. No como una dieta más, sino como una forma de estar presente en un acto que, para muchas personas, se ha convertido en automático o aterrador.

Celebremos este día también desde la salud mental

El Día Mundial de la Alimentación es una oportunidad para ampliar la conversación. Para recordar que la seguridad alimentaria no es solo una cuestión de acceso, producción y distribución, sino también de salud mental. No se puede hablar de alimentación saludable sin hablar de salud mental. No se puede nutrir a una persona que tiene miedo a comer. Y no se puede innovar en alimentación sin incluir la dimensión psicológica de lo que significa comer.

«Innovar hoy para nutrir mañana significa también cuidar la relación que las personas tienen con lo que comen. Porque sin salud mental, no hay alimentación que nutra.»

Si tu relación con la comida te genera sufrimiento, hay ayuda. Comer no debería doler. No debería dar miedo. No debería ser una lucha diaria. Pedir ayuda profesional no es una señal de debilidad: es el primer paso hacia una relación más libre con la comida y contigo mismo/a.

Referencias

ACAB — Asociación contra la Anorexia y la Bulimia. (2022). Factores de riesgo y síntomas. https://www.acab.org/es/los-trastornos-de-conducta-alimentaria/que-son-los-tca/factores-de-riesgo-y-sintomas/ Bowlby, J. (1969). Attachment and loss: Vol. 1. Attachment. Basic Books. Fairburn, C. G. (2008). Cognitive behavior therapy and eating disorders. Guilford Press. FAO. (2026). World Food Day 2026: Innovate today. Nourish tomorrow. https://www.fao.org/world-food-day/ Faros Sant Joan de Déu. (2021). Trastornos de la conducta alimentaria: factores de riesgo y señales de alerta. https://faros.hsjdbcn.org/ Hayes, S. C., Strosahl, K. D., y Wilson, K. G. (1999). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. Guilford Press. Jiménez García, L. et al. (2025). Prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria: revisión sistemática. [Citado en Infocop, 2025]. Kristeller, J. L., y Wolever, R. Q. (2011). Mindfulness-based eating awareness training for treating binge eating disorder: The conceptual foundation. Eating Disorders, 19(1), 49-61. OMS — Organización Mundial de la Salud. (2025). Datos sobre trastornos alimentarios en adolescentes. https://www.who.int/ Portela de Santana, M. L., da Costa Ribeiro Junior, H., Mora Giral, M., y Raich, R. M.ª (2012). La epidemiología y los factores de riesgo de los trastornos alimentarios en la adolescencia: una revisión. Nutrición Hospitalaria, 27(2), 391-401. Tasca, G. A. (2018). Attachment and eating disorders: A research update. Current Opinion in Psychology, 25, 59-64. Waller, G., Cordery, H., Corstorphine, E., Hinrichsen, H., Lawson, R., Mountford, V., y Russell, K. (2007). Cognitive behavioral therapy for eating disorders: A comprehensive treatment guide. Cambridge University Press.