Aprender De La Pérdida: Celebrar La Vida Incluso En El Duelo
Hoy, en el Día Internacional de la Celebración de la Vida, quiero compartir una reflexión profesional inspirada en el libro Aprender de la pérdida de Robert A. Neimeyer, una obra de referencia en el acompañamiento psicológico del duelo.

Hablar de celebrar la vida cuando existe una pérdida puede parecer contradictorio. Sin embargo, el duelo no es lo opuesto a la vida, sino una de sus expresiones más profundas. Solo duele aquello que ha sido amado. Desde esta perspectiva, el duelo no es una enfermedad que deba eliminarse, sino un proceso humano, activo y transformador.
Neimeyer propone comprender el duelo como un proceso de reconstrucción de significado. Cuando perdemos a alguien o algo importante, no solo perdemos una presencia; también se tambalea el sentido que dábamos a nuestra vida, a nuestra identidad y a nuestro futuro. El dolor aparece porque el mundo, tal como lo conocíamos, deja de encajar. Elaborar el duelo implica, poco a poco, reconstruir una narrativa vital que integre la ausencia sin borrar el vínculo.
Celebrar la vida no significa olvidar a quien ya no está, ni “pasar página” rápidamente. Significa permitir que el amor continúe transformándose. Muchas personas en duelo sienten culpa cuando experimentan momentos de calma, alegría o incluso gratitud. Sin embargo, estos momentos no traicionan la pérdida: son señales de adaptación, de movimiento, de vida que sigue abriéndose paso.
Desde la psicología, sabemos que el duelo no es lineal. Hay avances, retrocesos y momentos de intensa tristeza que pueden reaparecer incluso años después. Todo ello forma parte de un proceso sano. Los rituales, el recuerdo consciente, la expresión emocional y el apoyo social son elementos clave para integrar la pérdida y seguir viviendo con mayor plenitud.

En este día, celebrar la vida también es reconocer el valor del dolor, del amor que permanece y de la capacidad humana para resignificar la experiencia incluso en medio de la ausencia. Acompañar el duelo es acompañar la vida en uno de sus momentos más frágiles, pero también más auténticos.
Como psicóloga, creo profundamente que honrar la vida incluye hacer espacio al duelo, escucharlo y permitir que nos transforme. Porque aprender de la pérdida no nos aleja de la vida: nos acerca a ella con mayor conciencia y humanidad.
Si estás atravesando un proceso de duelo —por la muerte de un ser querido, por una enfermedad, una ruptura, una pérdida vital o un cambio profundo— y sientes que el dolor desborda o se ha quedado estancado, buscar acompañamiento profesional puede marcar la diferencia. El duelo no tiene tiempos correctos ni formas únicas, pero no tiene por qué vivirse en soledad.
Acompañar, sostener y dar sentido al dolor es parte del camino hacia una vida que, aun transformada, puede volver a sentirse propia. Celebrar la vida también es permitirnos pedir ayuda cuando la necesitamos.
